Cuando se enuncia “genero femenino”, parece que esas dos palabras definen tajantemente una femineidad homogénea, carente de singularidades. Como si el término femenino uniformara de una sola manera a todas las féminas de este planeta, restándole importancia a sus infinitas particularidades.
Sobre esas diferencias trata la obra Brillosa, con dramaturgia y dirección de Martín Marcou, ya que muestra a través de seis mujeres la variedad de visiones del inabarcable universo femenino.
Ahí en ese espacio, que se reconvierte a cada instante (interesante propuesta espacial de Ana Paula Fort Caneda), los soliloquios son interrumpidos por diálogos –que en la mayoría de las veces denuncian el hecho teatral en si mismo-, para luego dar paso a monólogos paralelos o a bailes, eso posibilita que se den la mano la frivolidad y lo profundo, lo festivo y lo trágico.
El sensible trabajo de dirección de Marcou, sin temerle a los espacios de caos que bordea la obra, exhibe la diversidad femenina arriba citada en: las mezclas de músicas (la bella “Zamba para no morir” o una cumbia), soportes escénicos (utilización de un video-clip), distintas textualidades (del lenguaje chabacano a Gustavo Adolfo Bécquer). Todo convive, a vece bien a veces con conflictosl, pero todo convive en “lo femenino”.
Un sexteto de personales actrices se entrega con entusiasmo a la propuesta provocando momentos de mucha intensidad. Las seis manejan de muy buena manera el repentísimo escénico.
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